lunes, 2 de noviembre de 2009

La Isla de las Flores. Reflexión personal acerca del corto.

Antes de todo, vamos a comentar las ideas principales que desde mi punto de vista se pueden extraer del vídeo denominado “La isla de las flores” y añadiré a continuación algunas opiniones personales acerca del visionado en sí y del tema en general que veo en este vído: la pobreza y la marginacion que sufren muchas personas y colectivos a día de hoy.

El tomate es un vegetal que sirve de alimento para muchas familias y personas. Suzuki, cultivaba dicho vegetal con el objetivo de venderlo y obtener dinero. Su objetivo principal por tanto no era el consumo propio sino su venta para la obtención de dinero.

Anita, para hacer un pastel de carne, decidió ir al supermercado y comprar tomates y carne de cerdo. Para llevarse estos dos alimentos a casa y elaborar el pastel de carne que sirve de alimento a su familia, era necesario pagar en el supermercado una determinada cantidad de dinero. Ahora bien, ¿de dónde obtenía este dinero? Pues de la venta de perfumes obtenidos a partir de las flores.

Anita elaboró el pastel de carne, pero uno de los tomates no estaba en buenas condiciones. Los alimentos en mal estado no son aptos o mejor dicho aconsejables para el consumo humano, y como razón de ello, Anita tiró el tomate no apto para el pastel de carne a la basura.

En puerto alegre se halla la “isla de las flores”. En esta isla hay como bien dice su nombre flores, pero no abundan; su escasez es visible. ¿Qué hay entonces en esta isla? Basura. Aparte de encontrar grandes cantidades de basura encontramos varios cerdos. Estos animales tienen dueño y lo que diferencia a esta personas de algunas otras es que posee dinero y con ese dinero compró un terreno en la llamada isla de las flores.

En puerto alegre y concretamente en esta isla se separaba la materia orgánica de la inorgánica y se daba a los cerdos aquellos alimentos que de alguna manera se podían aprovechar y no afectaban seriamente a su organismo. En cambio, había otros alimentos no aptos para los cerdos. ¿Dónde paraban entonces estos alimentos? Pues a manos de otras muchas personas que se diferenciaban de algunas otras en la posesión o no de dinero y dueño. Hemos de añadir algo más y es que las personas nos diferenciamos de los animales en tres cosas: tenemos el tele céfalo altamente desarrollado y el pulgar oponible además de ser libres.

Hemos de añadir algo más, y es que en grupos de diez personas se les dejaba entrar en el terrero del dueño, situado en la isla de las flores y llevarse en un tiempo concreto de cinco minutos, aquellos alimentos que no eran aptos para los cerdos pero si lo eran para estas personas.

Está claro que si un cerdo no puede comerse una lechuga en mal estado tampoco se la puede comer una persona, pero claro, si el dueño del cerdo tiene dinero y decide dar al cerdo esta lechuga y no darle pienso, puede hacerlo. Es libre y decide que darle o no darle al cerdo. Este animal depende de su dueño y cuando hay hambre uno llega a comerse prácticamente todo con el objetivo de satisfacer esta primordial necesidad.

Hay personas sin embargo que no tienen dinero y no pueden elegir entre comer la lechuga en mal estado o comprar otro alimento. Cuando uno no tiene nada que llevarse a la boca y se presenta la ocasión de comer una lechuga en mal estado, te la comes sin más si no quieres morir de hambre.

Como todos sabemos, en nuestra sociedad y en el mundo entero, hay personas con un nivel adquisitivo y una posición social diferente a la de otros muchos. Hay gente que puede permitirse comer caviar todos los días y gente que se tiene que conformar con las sobras de otros. Esto me recuerda a un refrán que desde pequeña me inculcaron. Este refrán o dicho decía así: “había una vez un hombre que iba paseando por la calle y en sus manos llevaba una bolsa de altramuces. Las cascaras las iba tirando al suelo y detrás iba otro hombres recogiendo estas cáscaras”. Lo que unos consideramos como no aprovechable otros lo consideran como algo que tiene utilidad y nos puede servir para comer, dormir, etc. Esto demuestra que todo conforma una cadena y que unos tienen una vida muy diferente a la de otros muchos.

Como bien se decía en el vídeo, los seres humanos nos diferenciamos de los animales en varias cosas y una de ellas es que somos libres pero ¿verdaderamente lo somos? Yo me hago esta pregunta porque miro a mi alrededor y veo como hay personas que si pueden elegir entre hacer una cosa u hacer otra, elegir una cosa o elegir otra o incluso hacerse con dos cosas a la vez y veo también a mucha otra gente que no tiene esa capacidad de elección. Han de conformarse con lo más mínimo e incluso con aquello que nadie querríamos.

Si tuviéramos la oportunidad de preguntar a las mujeres y niños sobre su alimentación en la llamada Isla de las Flores, y sobre la diferencia que ellos observan entre el dueño del cerdo por ejemplo y ellos mismos, nos daríamos cuenta de que son conscientes del mal repartimiento o de las diferencias que existen entre unos y otros; una diferencia que consiste en la posesión o no de dinero.

Está claro que nos dirían que prefieren comerse una lechuga del supermercado en vez de la lechuga que hay tirada en medio del campo y que ni siquiera el cerdo se va a comer, pero claro, no tienen otra alternativa. O se comen eso o no comen nada. Debido a esto, pienso que no somos libres o al menos a la hora de la verdad. Estamos condicionados y todo ello depende de nuestro poder adquisitivo y posición social.

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